Visiones Divinas (Divine Visions: Allen Ginsberg's Peruvian Trip)

Escribe: Pedro Casusol

“I´m going to Pucallpa

to have Visions”

A. Ginsberg

I.

Los beatniks estaban de moda y Allen Ginsberg, el profeta de esta generación de jóvenes desaliñados, barbudos y locos, se paseaba por el centro de Lima comprando éter en las farmacias. Sucedía hace más de cincuenta años, durante el viaje por Sudamérica en el que el poeta recorrió Chile, Argentina y Bolivia, para llegar a Perú en la parte trasera de un camión hacinado de indios[1].

Ginsberg era entonces el portavoz de la conciencia del mundo: precursor de los hippies, militante homosexual cuando no existía el Gay Power, risueño voluntario de los primeros experimentos con LSD, droga que más tarde provocaría la explosión psicodélica de San Francisco. Su misión era replicar la experiencia de su amigo William S. Burroughs, quien siete años antes había visitado Colombia y Perú en busca del Ayahuasca, mítica planta que sirve de puente entre este mundo y los dioses.

Lo primero que hizo al llegar fue tomar un tren a Cusco, ciudad que le sorprendió por su antigüedad. Ansioso por conocer las ruinas incas partió a Machu Picchu, donde un vigilante le ofreció sitio en su casa. Así pudo concretar una semana en la montaña. Desde ahí le escribió a su novio, Peter, describiendo los acantilados y nevados de la cordillera de los Andes. El 4 de mayo, tras dos días y dos noches viajando en un bus, llegó por fin a Lima invitado por el escritor Sebastián Salazar Bondy[2], a quien había conocido en Chile.

***

Por aquellos días, un estudiante de la Católica recibía en el aeropuerto de Tingo María un azaroso encargo[3]. Jorge Capriata tenía que entregar una botella de whisky Dimple repleta de Ayahuasca. Su destinatario era nada menos que el poeta Allen Ginsberg, quien acababa de publicar Howl, poema que le había costado un juicio por obscenidad, y escrito Kaddish, larga letanía de amor a su madre, Naomi, que había muerto en un psiquiátrico pocos años atrás. Lo logró ubicar gracias a los buenos auspicios de Juan Mejía Baca, gestor cultural de la época, cuya librería era punto de encuentro de los intelectuales.

Fue en la cálida y diminuta sala del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC), en la calle Ocoña, donde se presentó Ginsberg el 12 de mayo de 1960. Carlos Eduardo Zavaleta lo recordaba “barbudo, bajo, de voz gritona y ojos humosos”[4], mientras Capriata lo describe “con voz llana y sin afectación” mientras recitaba The Red Wheelbarrow, de William C. Williams[5]. Acabada la presentación, Capriata cumplió con entregar la botella, cubierta por una bolsa de papel.

El diario conservador La Prensa, a través de su suplemento dominical, comentó que Ginsberg “fue rodeado por poetas de avanzada, snobs y otros ejemplares de la misma fauna”[6] y reproducía un diálogo ocurrido en casa de la agregada cultural norteamericana, Marcia Koth, donde se celebró una reunión:

– Qué es lo que buscan usted y los escritores beatniks?

– Mi meta es Dios.

– Por qué viste blue jean?

– Porque no tengo otra cosa que ponerme.

– Piensa casarse?

– Jamás. Prefiero a los muchachos.

– Los poetas beatniks suelen tomar drogas para componer o recitar sus poemas. ¿Lo ha hecho usted en Lima?

– Antes de recitar me dopé con bencedrina. Me han hablado de una bebida llamada Shushuhuasi que tiene propiedades afrodisiacas. Quisiera beberla en Lima[7].

***

Después del recital, Capriata no pudo intercambiar muchas palabras con Ginsberg, así que se citaron en el Hotel Comercio. Pero el día convenido lo encontró en cama. El gringo había desarrollado un cuadro de hemorroides a su paso por los Andes. La leyenda cuenta que inició el recital del IAC comentando: “Acabo de llegar del hospital donde me he ido a quemar las almorranas, porque soy maricón”[8].

En Dharma Lion, biografía autorizada de Ginsberg, Michael Schumacher confirma que adquirió el mal a causa de las precarias condiciones de servicios higiénicos en las zonas altoandinas, aunque en un poema llamado Sphincter menciona una “operación de fisura en Bolivia”[9]. De cualquier forma, Capriata lo encontró convaleciente y Ginsberg no vaciló en contarle su primera experiencia con el brebaje amazónico.

Había sucedido pocos días antes en esa misma habitación. Capriata refiere: “Me relató cómo, en sus alucinaciones, aquellos adornos de Palacio de Gobierno se habían convertido en gárgolas gigantes que se asomaban a su balcón, mientras se contemplaba a sí mismo, yaciente, y a la vez flotando alrededor del camastro del hotel”[10].

Después de un rato decidieron bajar al bar Cordano, que quedaba a pocos metros del Hotel. Al salir, Capriata y el gringo tuvieron una visión: un hombre melancólico, como salido de ninguna parte, caminaba bajo la sombra de la Estación Desamparados.

Era Martín Adán.[11]

– Don Rafael –lo llamó el joven Capriata.

Entonces sucedió algo extraño: por el sombrero de Martín Adán deambulaba una araña. Al instante, Capriata le advirtió del huésped que traía y el legendario poeta peruano no tuvo mejor idea que pisar al insecto. Suficiente para escandalizar a un budista como Ginsberg. Aún así, él lo invitó al bar y el autor de La casa de cartón aceptó tomarse “una copita”. Pero no congeniaron. Martín Adán, que solo conocía al beatnik por sus escándalos, no tuvo ningún reparo en preguntarle:

– Por qué escribe usted porquerías?[12]

***

Más tarde, “El dominical” del diario El Comercio dio fe de este encuentro, publicando en su sección cultural: “Gran amistad han hecho el barbudo norteamericano y Martín Adán, quienes se conocieron de casualidad hace poco. Ahora suelen reunirse para tomar anisado y tratar de poesía, como dos viejos conocidos”[13].

Era común encontrarse a Martín Adán deambulando por las calles del centro de Lima, donde llevaba una vida bohemia y solitaria. Se le podía ver en la librería de Juan Mejía Baca, quien lo ayudaba a escapar de apuros económicos publicando sus poemas. Salazar Bondy lo describe en un artículo: “Sumido en sí, huidizo y sardónico, encasquetado en un sombrero deforme, cubierto por un sobretodo basto, con una barba crecida”[14].

Así que hubo cierta empatía con el joven beatnik, una persona que desde su infancia había tenido que lidiar con la locura y los manicomios. Por su parte, Ginsberg se interesó en Martín Adán, un hombre “acosado por la indigencia y el alcoholismo”[15] cuya situación lo había llevado a vivir en hoteles baratos y sanatorios.

Fue precisamente a él a quien le dedicaría el poema To an Old Poet in Peru, escrito en Lima y publicado después en el volumen Reality Sandwiches, donde se logra inferir solo de manera muy vaga la relación que tuvieron Ginsberg y el poeta peruano.

Dividido en tres partes[16], Ginsberg “expresa más interés en la patología de los garabatos secretos que en la pulcritud de los sonetos”[17], típicos en la poesía de Martín Adán. Y advierte sus deseos de partir a la selva como una suerte de vaticinio: “Voy a Pucallpa / a tener visiones”[18].

II.

Una fría mañana de otoño “paralizada por una huelga nacional y ensombrecida por una garúa glaciar”[19], el periodista Alfonso La Torre encontró a Ginsberg en el Hotel Comercio, semidesnudo, arremolinado entre las sábanas y fumando un cigarro Inca Nacional[20]. La Torre había sido comisionado por la revista Cultura Peruana para entrevistar a Ginsberg, y lo que encontró fue un poeta con espíritu obrero.

El resultado de aquel encuentro sería un extenso reportaje, de más de cinco páginas, en el que el periodista narra la conversación que tiene con el poeta mientras este realiza sus actividades cotidianas. Primero recibe al peruano en calzoncillos, luego se viste cubriendo “sus delgadas piernas de adolescente”[21], se queja de sus pesados zapatos de minero, orina, se lava su barba “rizada y castaña, tremola de hilaridad” y peina su escaso cabello mojado[22].

En la habitación del hotel, Ginsberg describe los pilares de la nueva poesía americana, de la que es estandarte el movimiento beat: un grupo de jóvenes rebeldes y barbudos que intentan “echar de lado el academicismo, devolver la poesía al lenguaje común”, así como retornar al origen físico de la literatura[23].

– En Grecia se recitaba la poesía en movimiento –señala el beatnik.

– Una poesía semejante debería grabarse más que escribirse –reflexiona La Torre.

– Claro que sí. Kerouac tiene una grabadora, y hemos hecho experimentos en común.

– ¿Al mismo tiempo?

– Sí, poesía en cadena. You understand?… Una tarde fumamos marihuana, pusimos en marcha la cinta, y empezamos a improvisar alternadamente… Marvelous! Most exciting experience!

– Apenas puedo creerlo.

La Torre, que más tarde describirá el recital ofrecido en el IAC como una experiencia “electrizante”, le pregunta:

– Compone solo cuando ha fumado marihuana?

– No. Escribo en cualquier momento en que sienta la necesidad. La marihuana es un medio de experimentación. Mire… En Machu Picchu no había luz, y escribí este poema a oscuras. Este otro, durante un viaje en un camión[24].

Se trata de un pequeño cuadernillo con forro marrón, cuyas páginas están llenas de “una escritura menuda y apretada” y dibujos “tan esquemáticos como los de un pupilo de kindergarten”[25]. Es ahí, en esa misma libreta, donde Allen Ginsberg hará sus apuntes sobre el Ayahuasca, que más tarde serán publicados en el libro The Yage Letters como parte de su correspondencia con William S. Burroughs.

***

La Torre acompaña al poeta hasta el baño, atravesando un estrecho pasaje que terminó en un amplio corredor con vista al maltrecho patio del hotel.

– Los poetas peruanos tienen iluminaciones? –Pregunta el beatnik.

– Iluminaciones?

– Sí, a la manera de los santos y los místicos.

– Sabemos de algunos poetas que ven, cotidianamente, los “diablos azules” –bromea el periodista– pero no tenemos noticia de que alguno haya alcanzado una iluminación mística o… poética.

– Un poeta sin iluminaciones es un simple prosodista, un infeliz –sentencia Ginsberg, antes de acercarse al urinario para miccionar.

El periodista le pregunta qué es lo que hace en Lima, si acaso intenta seguir los pasos de Jack Kerouac recorriendo “sobre el camino” todo Sudamérica.

El poeta lanza una carcajada.

– No, vine porque me invitaron a la reunión internacional convocada por la Universidad chilena de Concepción, y también  para ver si hallaba ayahuasca o marihuana.

– Y ha logrado fumar?

– Un poco… Siempre hay alguien que le proporciona a uno esas cosas[26].

***

Después de un insulso desayuno, té con limón y bizcochos, Ginsberg lanza la siguiente frase: “como la sociedad no puede tocar con sus sucias manos mi alma, no hay peligro de que la aniquile”.

– Con mi cuerpo puede hacer cualquier cosa, pero no alcanzará nunca a mi alma –agrega mientras camina en dirección a la Plaza de Armas, bajo la fría llovizna de otoño.

El periodista, que sabe que estaba conversando con el “poeta joven más excitante de América”, pregunta:

– Los delincuentes juveniles son, verdaderamente, beats?

– Yo fui delincuente juvenil. Fumaba marihuana a los 15, y eso es delincuencia. En la cárcel hice amistad con varios ladrones.

– Qué edad tiene?

– 33. Tengo la barba y los años de Cristo.

– Escribe usted poesía política? –Vuelve a la carga el periodista.

– ¡Por favor! No existe poesía política. La poesía surge del alma, y la política nunca alcanza allí. La poesía no puede usarse como propaganda. Aún cuando sale de lo hondo, como en Neruda, es siempre una especie de hipocresía, una variedad de egoísmo, que pretende imponer una regla determinada a los demás.

– Existe un teatro beat?

– No existe una poesía beat, novela beat, pintura beat. Beat es una concepción poética, una actitud ante el mundo. Pero, sí, hemos hecho teatro…[27]

Finalmente el escenario del diálogo se traslada a la Plaza San Martín, donde el poeta y el periodista dan por concluida la charla. Debido a la huelga nacional, las calles de Lima lucen vacías y silenciosas. “¿Podré coger un taxi?”, se pregunta el beatnik ante la quietud de aquel día. “Necesito llegar a la Embajada”.

Estrechan las manos. La Torre se despide, no sin antes prometer enviarle dos números de la revista, uno para él y otro para su editor, Lawrence Ferlinghetti. Luego lo contempla irse, “llevando sobre sus estrechos hombros la maldición y el desdén de 160 millones de honestos y prósperos ciudadanos de traje gris”, hasta que se esfuma, como en un acto de magia, atravesando la puerta del IAC[28].

III.

Se la presentó Salazar Bondy, quien consideró que podría haber afinidad entre ambos. Raquel Jodorowsky era chilena, llevaba una década viviendo en Lima y representaba cierta sensibilidad poética[29]. En medio de la escena cultural limeña, ella era una guapa mujer de la misma edad de Ginsberg, portadora de la bandera del desenfado y la extroversión. Por aquella época, Jodorowsky se ganaba la vida haciendo funciones de títeres para teatro y televisión junto a un jovencísimo Walter Curonisy[30].

Un día, Allen preguntó si había un lugar en Lima donde pudiera comer cocina europea, a lo que Raquel se ofreció a preparar borscht[31]. Aquel sería el detonante. Se dieron cuenta de la similitud de sus vidas, así como de sus raíces en común. Tanto él como ella eran descendientes de inmigrantes judíos ucranianos y, al menos en la leyenda personal de Raquel, la familia de Allen y la suya debieron haberse conocido en el barco que los sacó de Rusia a inicios del siglo XX.

Se hicieron amigos y él empezó a visitarla. Si ella estaba dictando su taller de poesía, Allen se sentaba a esperarla en un sillón en la casa de Raquel, en Lince, y se ponía a leer los libros que encontraba en la biblioteca. Luego se iban a almorzar al Barrio Chino, cerca al mercado central. En su poema Oda a Allen Ginsberg, Raquel cuenta que pisaron las basuras de la calle Capón “cantando canciones en ruso”[32]. Después solían tomar café en algún bar del centro. En sus devaneos por Lima, el beatnik conoció también a otro gran vate, Rafael Alberti, con quien conversó de arte oriental[33].

Raquel era conocida por sus cautivadores ojos verdes, por publicar libros que ella misma vendía en recitales y por ser la voz femenina que a los 23 años había “levantado la cabeza después del primer ciclo de la Mistral”, según palabras de Rosamel del Valle[34]. Lo cierto es que Ginsberg, un homosexual declarado, se identificaba con ella. Pero su madre, muerta y lobotomizada, yacía en su inconsciente. ¡No había marcha atrás! En su búsqueda por encontrar a Dios, Ginsberg estaría a punto de descubrir la dicotomía del universo. El Ayahuasca le depararía aún más sorpresas.

***

A su paso por Lima, Ginsberg alucinó con éter. Su intención era describir la experiencia en un poema que más tarde sería publicado en el libro Reality Sandwiches. Walter Curonisy recuerda en su Poema a Allen Ginsberg que el beatnik lo llevó a su cuarto “a mirar el reloj / de la estación con éter”[35], mientras Raquel, en su oda, cuenta que le dio a oler algodones “prometiéndome que vería a Dios y no lo vi”[36].

Los poemas de Walter y Raquel coinciden a su vez con el de Allen, que en una de sus páginas pregunta: “¿Qué puede ser posible / en un universo menor / en el que se puede ver / a Dios oliendo el / gas en un algodón?”[37].

Al final de Aether, Ginsberg parece resignarse al paso del tiempo: “en este infierno de Nacimiento & Muerte / me acerco a los 34––súbitamente me sentí / viejo”, al mismo tiempo que comprende la soledad de su existencia: “sentado con Walter & Raquel en un Restaurante Chino––se besaron––yo solo”[38].

Curonisy afirma, desde Marruecos, que después de esa noche Ginsberg le pidió que lo ayudara a conocer Lima. “Con un reflejo muy negativo lo conduje hasta el Montón [el basurero de la ciudad]”, señala[39]. Y en su poema refiere: “vimos cómo engordaban a los cerdos / y las peleas de las bandas por un pedazo de vidrio”[40].

Aquel era el lugar donde acudían los camiones de basura, el miserable escenario en el que los gallinazos sin plumas de Ribeyro pugnaban por sobrevivir. Al poeta los mendigos lo confundieron con Fidel Castro por la barba, que entonces era sinónimo de lucha guerrillera. “¡Castro!, ¡Castro!”, le gritaban a su paso entre los desperdicios[41].

Con aquel escenario de fondo, en medio de montañas de basura y moscas, el beatnik le preguntó a Curonisy si había leído a Rimbaud o los Cantos de Maldoror, a lo que Walter respondió que no. Tenía solo 20 años.

***

Su cumpleaños número 34 lo sorprendió en Huánuco, herido por la tristeza. El viaje a la selva fue lento y duró una semana, culminando la ruta Tingo María–Pucallpa tendido sobre sacos en un camión desvencijado. A orillas del río Ucayali, Ginsberg contactó con un hombre llamado Ramón que había conocido a Robert Frank, fotógrafo de la película Pull my daisy[42], quien lo condujo hasta un chamán, “un individuo de unos treinta y ocho años, de aspecto pacífico y simple”[43], como lo describiría más tarde.

Durante su primera experiencia con Ayahuasca en la selva, Ginsberg empezó a “ver o sentir lo que me pareció el Gran Ser, o algún sentido de Eso, que se aproximaba a mi mente con una gran vagina húmeda”[44]. La alucinación consistía en un ojo mirando desde un agujero negro, rodeado por peces, aves, serpientes y mariposas.

La noche siguiente, Allen repitió la experiencia con una dosis más potente. El trip fue metanoico, sintió “todo el maldito Cosmos” enloquecer y describió su viaje de la siguiente manera: “creo que [fue] lo más fuerte y peor que haya tenido”[45]. La cuestión de la vida y de la muerte lo asaltó de pronto. La certeza de un fin próximo, irremediable, y el drama de no estar nunca preparado.

La sola idea de morir lo entristecía. Pensaba en Peter y en su padre. Bajo los efectos del Ayahuasca, tuvo un encuentro cercano con la muerte. “La choza íntegra parecía rayada de presencias espectrales todas ellas sufriendo transfiguraciones al contacto de una Cosa Única misteriosa que era nuestro destino y que tarde o temprano habría de matarnos”[46], le escribió a William S. Burroughs.

Tras esta experiencia, Allen llegó a la conclusión de que la única manera de confrontar la muerte era reproduciendo vida. Tan simple como eso. Una salida que sin embargo nunca antes había considerado. En su biografía, Schumacher señala que Ginsberg decidió “tratar de entender mejor a las mujeres y, en definitiva, tener hijos”. Ellas eran ahora capaces de “salvarlo de la destrucción total”[47].

De sus viajes con Ayahuasca, que repitió con frecuencia hasta el 24 de junio de 1960, Ginsberg escribió los poemas Magic Psalm y The Reply, los más logrados en transmitir sus vuelos metafísicos. Desde la selva, el gringo le envió a C. E. Zavaleta dos botellas con el brebaje para que le fueran entregadas a Marcia Koth, pero solo una de ellas “llegó a manos del portero de la embajada norteamericana”[48].

La idea de Ginsberg era consumir y estudiar la pócima en Estados Unidos. Le interesaba que Jack Kerouac la bebiera también. Curonisy, quien sostiene que lo acompañó durante el periplo, cuenta que a su regreso trajeron consigo más botellas con Ayahuasca que luego tomaron donde Raquel[49].

***

En la pequeña casa de Raquel, fallecida el 27 de octubre de 2011, aún retumban los ecos que la invadieron hace más de medio siglo. La “mariposa tallada de fierro” solía recordar a su amigo en el mismo sillón donde el beatnik se sentaba[50]. “Ser homosexual es una soledad muy grande”, me dijo una tarde que pasamos hablando de Ginsberg.

A sus 84 años, Raquel recordaba: “Una vez me pidió que tuviera un hijo con él”. En un principio pensó que le estaba gastando una broma, pero el beatnik se lo volvió a proponer cuando cruzaban la Plaza San Martín. “En serio, quiero tener un hijo contigo”, le insistió mientras la tomaba del brazo.

– Me sorprendí tanto que ni contesté –solía contar la anciana poeta[51].

En la oda que le dedicara a Allen Ginsberg, publicada en el volumen Caramelo de sal, Jodorowsky le recrimina: “te metiste en mi vida de días detenidos / removiendo los cerebros de mis gusanos”, para después afirmar que un hijo suyo: “Hubiera nacido con alma”[52].

El 8 de julio de 1960, Ginsberg partió del aeropuerto de Lima de regreso a la escena beat, que ahora le parecía “tan envolvente y loca”. Un año más tarde volvería a dejar su país, esta vez con destino a la India. Aquel viaje le permitiría continuar con su búsqueda espiritual. En 1994, Jorge Capriata lo encontró cambiado. Ya no era el risueño barbudo de la edad de Cristo que buscaba “verle la cara a Dios”, sino un viejo profeta. Aún recordaba Lima, los muros coronados con espinas y la gris palidez de nuestro cielo[53]. El 5 de abril de 1997 Ginsberg haría su viaje definitivo hacia el infinito, esta vez sin Ayahuasca.


[1] Michael Schumacher. “Dharma Lion. A Critical Biography of Allen Ginsberg”. New York: St. Martin’s Press, 1992. p. 324.

[2] Sebastián Salazar Bondy (Lima, 1924 – 1965). Importante intelectual peruano. Fue escritor, poeta, crítico, periodista y dramaturgo. Se consolidó como un destacado personaje de la escena artística limeña a mediados del siglo XX, cuando fue director del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC) de Lima. Fue el responsable de que Allen Ginsberg llegara a la capital peruana en mayo de 1960, ya que ambos se conocieron en el Encuentro de Escritores Americanos llevado a cabo en la Universidad de Concepción (Chile).

[3] El encargo fue realizado por el escritor y naturalista estadounidense Peter Matthiessen, quien regresaba de hacer una larga investigación en la selva peruana y sabía del profundo interés de Allen Ginsberg por el Ayahuasca. Previendo que no tendría tiempo de buscarlo en Lima, le pidió al Jorge Capriata que hiciera entrega de la pócima por él.

[4] Zavaleta, Carlos E. “La visita de Ginsberg a Lima”. Revista Hueso Húmero. Vol  32. Lima. Diciembre, 1995. P. 75.

[5] Capriata, Jorge. “Dos encuentros con Allen Ginsberg”. Revista Hueso Húmero. Vol. 32. Diciembre, 1995. p. 68.

[6] “7 días del Perú y el mundo”. La Prensa. Suplemento dominical, Nº 99. Lima, 15 de mayo de 1960.

[7] Idem.

[8] Entrevista a Raquel Jodorowsky. Lima, invierno de 2011.

[9] Ginsberg, Allen. Cosmopolitan Greeting. New York: Harper Collins, 1994. p. 8.

[10] Capriata, Jorge. “Dos encuentros con Allen Ginsberg”. Revista Hueso Húmero. Vol. 32. Diciembre, 1995. p. 68.

[11] Martín Adán (Lima, 1908 – 1985). Seudónimo de Rafael de la Fuente Benavides. Fue uno de los más destacados poetas vanguardistas peruanos, conocido especialmente por su primer libro “La casa de cartón”, publicado en 1928. Fue ingresado en diversas ocasiones en clínicas psiquiátricas debido a problemas con el alcohol.

[12] Capriata, Jorge. “Dos encuentros con Allen Ginsberg”. Revista Hueso Húmero. Vol. 32. Diciembre, 1995. p. 69.

[13] El Comercio. Suplemento dominical. Nº 368. Lima, 22 de mayo de 1960.

[14] Salazar Bondy, Sebastián. “El conflicto vital de Martín Adán”. Mercurio Peruano. N°388. Lima, agosto de 1959. p. 344-346.

[15] Lauer, Mirko. “Los exilios interiores. Una introducción a Martín Adán”. Lima: Hueso Húmero Ediciones, 1983. p. 47.

[16] Estos son: To an Old Poet in Peru, Die Greatly in thy Solitude y The Dazzling Intelligence.

[17] Lauer, Mirko. Los exilios interiores. Una introducción a Martín Adán. Lima: Hueso Húmero Ediciones, 1983. p. 47.

[18] Ginsberg, Allen. Reality Sandwiches. San Francisco: City Lights Books, 1963. p. 82.

[19] La Torre, Alfonso. “Allen Ginsberg: ‘Las sucias manos de la sociedad no pueden tocar mi alma’”. Revista Cultura Peruana. N° 143. Lima, mayo de 1960. np.

[20] Alfonso La Torre (Acomayo, 1927 – Lima, 2002). Periodista peruano. Trabajó para los medios más importantes de su tiempo: El Comercio, Expreso, La Crónica y la revista Cultura Peruana. Ilustró las páginas de El Comercio Gráfico. Escribió crítica de arte bajo el seudónimo de Seymour, y de teatro con el temible sobrenombre de ALAT. Trabajó en el diario La República desde su fundación, en 1981, hasta el año de su muerte. Recientemente, la dramaturga peruana Sara Joffré ha reunido sus críticas de teatro en el volumen “Alfonso La Torre, su aporte a la crítica de teatro peruano”.

[21] La Torre, Alfonso. “Allen Ginsberg: ‘Las sucias manos de la sociedad no pueden tocar mi alma’”. Revista Cultura Peruana. N° 143. Lima, mayo de 1960. np.

[22] Idem.

[23] La Torre, Alfonso. “Allen Ginsberg: ‘Las sucias manos de la sociedad no pueden tocar mi alma’”. Revista Cultura Peruana. N° 143. Lima, mayo de 1960. np.

[24] Idem.

[25] Idem.

[26] La Torre, Alfonso. “Allen Ginsberg: ‘Las sucias manos de la sociedad no pueden tocar mi alma’”. Revista Cultura Peruana. N° 143. Lima, mayo de 1960. np.

[27] Idem.

[28] Idem.

[29] Raquel Jodorowsky (Iquique, 1927 – Lima, 2011). Poeta y pintora chilena, hermana del conocido escritor, cineasta y psicochamán Alejandro Jodorowsky. Pasó la mayor parte de su vida en Lima, donde publicó libros, se casó y tuvo un hijo. Sobre la difícil relación entre la poeta y su hermano, el autor ha publicado “Jodorowsky no está sola esta tarde”, artículo que se puede encontrar en: http://letras.s5.com/rj191111.html

[30] Walter Curonisy (Lima, 1941 – Marrakech, 2012). Poeta y actor peruano. A los 20 años trabajó junto a Raquel Jodorowsky en un show de teatro y títeres llamado “La puerta mágica”, en la sala limeña Entre Nous. Fue uno de los protagonistas de la exitosa telenovela peruana “Simplemente maría”. Publicó los libros de poesía: “Poema a Allen Ginsberg”, “Los locos por el cielo”, “El matrimonio sagrado” y “Rehenes del tiempo”. Falleció el 12 de junio de 2012, en Marruecos, donde dirigía un centro cultural junto a su novia, Elvira Roca Rey. La noticia de su deceso llegó a Lima mientras se corregía este artículo.

[31] Típica sopa rusa.

[32] Jodorowsky, Raquel. Caramelo de sal. Lima: Edición de autor, 1977. p. 42.

[33] El Comercio. Suplemento dominical. Nº 367. Lima, 15 de mayo de 1960.

[34] Del Valle, Rosamel. Revista Pro Arte. 1950. np.

[35] Curonisy, Walter. Rehenes del tiempo. Lima: Edición de autor, 2008. p. 80.

[36] Jodorowsky, Raquel. Caramelo de sal. Lima: Edición de autor, 1977. p. 43.

[37] Ginsberg, Allen. Reality Sandwiches. San Francisco: City Lights Books, 1963. p. 90.

[38] Idem. p. 98.

[39] Entrevista telefónica a Walter Curonisy. Lima, invierno de 2011.

[40] Curonisy, Walter. Rehenes del tiempo. Lima: Edición de autor, 2008. p. 81.

[41] Entrevista telefónica a Walter Curonisy. Lima, invierno de 2011.

[42] Frank, Robert & Alfred Leslie. Pull my daisy. 1959.

[43] Burroughs, William & Allen Ginsberg. The Yage Letters. San Francisco: City Lights Books, 1963. p. 57.

[44] Michael Schumacher. St. Martin’s Press, New York. “Dharma Lion. A Critical Biography of Allen Ginsberg”.

[45] William Burroughs & Allen Ginsberg. City Lights Books. San Francisco, 1963. “The Yage Letters”.

[46] Ídem.

[47] Michael Schumacher. “Dharma Lion. A Critical Biography of Allen Ginsberg”. New York: St. Martin’s Press, 1992. p. 328.

[48] Zavaleta, Carlos E. “La visita de Ginsberg a Lima”. Revista Hueso Húmero. Vol  32. Lima. Diciembre, 1995. P. 77.

[49] Entrevista telefónica a Walter Curonisy. Lima, invierno de 2011.

[50] En su ars poética, Raquel Jodorowsky se define a sí misma como una “mariposa de fierro”.

[51] La relación entre Raquel Jodorowsky y Allen Ginsberg continuaría a lo largo de varias décadas, aunque solo a través de misivas escritas en la primera página de libros que el poeta le enviaba a su amiga. En una de ellas, escrita en 1970, Ginsberg le dice a Raquel: “Pienso en ti continuamente (…) ¿Ya has viajado a Pucallpa? La selva es tan importante como las desiertas ciudades”. Años más tarde el hermano de Raquel, Alejandro Jodorowsky, aprovechó que Ginsberg estaba en Paris para pedirle que le proporcionara la dirección de su hermana, que en ese momento cuidaba a su madre, Sara Prullansky. Según la autobiografía del famoso psicochamán, “La danza de la realidad”, el poeta le facilitó la información sin ningún problema.

[52] Jodorowsky, Raquel. Caramelo de sal. Lima: Edición de autor, 1977. p. 42.

[53] Entrevista a Jorge Capriata. Lima, invierno de 2011.

English Translation

Divine Visions

Allen Ginsberg’s Peruvian Trip

By Pedro Casusol

Translated by Rebecca L. Thompson[1]

‘I´m going to Pucallpa

to have Visions’

A. Ginsberg

I.

The beatniks were all the rage, and Allen Ginsberg, the prophet of this generation of disheveled, bearded and crazy young people, spent his days in downtown Lima buying ether in pharmacies. This story takes place more than fifty years ago during the poet’s trip through South America in which he passed through Chile, Argentina, and Bolivia, in the back of an overcrowded truck stuffed full of Indians, trying to get to Peru.[2]

At that time Ginsberg was the spokesperson for the conscience of the world: a precursor to the hippies, an open homosexual in an era pre-dating gay liberation, and a cheerful volunteer for the first experiments with LSD, the drug that would later provoke the psychedelic explosion in San Francisco. His mission in Peru was to replicate the experiences of his friend William S. Burroughs, who, seven years previously, had visited Colombia and Peru in search of ayahuasca, the mythical hallucinogenic plant which serves as a bridge between this world and that of the gods.

The first thing he did upon arriving in Peru was to take a train to Cusco, a city that surprised him with its antiquity. Anxious to see the Inca ruins, he set out toward Machu Picchu, where a guard offered him lodging at his house, enabling the poet to stay on the mountain for a week. From there, he wrote to his boyfriend, Peter Orlovsky, describing the cliffs and snowcapped mountains of the Andes. May 4th, after two days and two nights traveling by bus, he finally arrived in Lima, where he had been invited to stay with the Peruvian writer Sebastián Salazar Bondy, whom he had met in Chile.[3]

***

Around that time, a student from the Católica[4] was receiving a risky assignment in the Tingo María airport.[5] Jorge Capriata was tasked with transporting a used whisky bottle full of ayahuasca, and its recipient was none other than the poet Allen Ginsberg, writer of Howl (1956), a poem that had cost him a court trial for its obscenity, and, a few years later, Kaddish (1961) a long litany of love dedicated to his mother, Naomi, who had died in a psychiatric hospital a few years before. Ginsberg was able to locate the bottle under the auspices of Juan Mejía Baca, cultural agent of the time, whose bookstore was a meeting point for the intellectuals of Lima.

In the small, warm lobby of the Institute of Contemporary Art (Instituto de Arte Contemporáneo or IAC) on Ocoña Street, Ginsberg presented his work on May 12, 1960. Carlos Eduardo Zavaleta remembers him as ‘bearded, short, with a loud voice and smoky glasses,’[6] while Capriata describes him reading ‘The Red Wheelbarrow’ by William C. Williams in ‘a flat voice without affectation.’[7] After the presentation, Capriata fulfilled his task by giving Ginsberg the bottle concealed in a paper bag.

In its Sunday supplement the conservative newspaper La Prensa commented that Ginsberg ‘was surrounded by accomplished poets, snobs, and other types cut from the same cloth.’[8] It also printed a dialogue that had occurred in North American cultural ambassador Marcia Koth’s house, where a party had taken place:

‘What are you and the other beatnik writers seeking to do?’

‘My goal is God.’

‘Why do you wear blue jeans?’

‘Because I don’t have anything else to wear.’

‘Do you plan to get married?’

‘Never. I prefer men.’

‘Beatniks usually take drugs in order to compose or recite their poems. Have you done that in Lima?’

‘Before the recital I got high on Benzedrine. They have told me about a drink called shushuhuasi that has aphrodisiacal properties. I’d like to drink it in Lima.’[9]

***

After the recital, Capriata was unable to exchange many words with Ginsberg, so they made a date to meet at the Hotel Comercio. But on the agreed day the reporter found him in bed. The gringo had developed a case of hemorrhoids during his trip through the Andes. Legend has it he began his recital at the IAC by commenting: ‘I just arrived from the hospital where I have gone to get my hemorrhoids burned off, because I’m a queer.’ [10]

In Dharma Lion, a biography authorized by Ginsberg, Michael Schumacher confirms that he acquired the malady due to the precarious conditions of the restroom facilities in the high plains of the Andes, even though in a poem called ‘Sphincter’ the poet mentions a ‘fissure operation’ in Bolivia.[11] Either way, Capriata found him convalescing, although Ginsberg nevertheless did not hesitate to tell him of his first experience with the Amazonian potion.

It had happened a few days before in that same room. Capriata recalls: ‘He told me how, in his hallucinations, the adornments on the governmental palace had become gigantic gargoyles that leaned into his balcony, while he contemplated himself, recumbent, and at the same time floating above the hotel bed.’[12]

After a while they decided to go down to the Cordano Bar, which was located a few meters from the hotel. As they left, Capriata and the gringo had a vision: a melancholic man, as if he had come out of nowhere, walked in the shadow of the Estación Desamparados.[13]

It was Martín Adán.[14]

‘Don Rafael,’ the young Capriata called to him.

Then something strange happened: the two noticed a spider wandering about on Martín Adán’s hat, and Capriata quickly advised him of the occurrence. The legendary Peruvian poet had no better idea than to squash the insect. It was enough to scandalize the Buddhist-like Ginsberg. Even so, Ginsberg invited him to the bar and the author of La casa de cartón accepted his invitation to have a drink, although they did not get along as well as they would later on. Martín Adán, who only knew the beatnik from his scandals, did not have any reservations in asking him:

‘Why do you write such filth?’[15]

***

Later, the Sunday insert of the newspaper El Comercio confirmed this encounter, further commenting in its cultural section that ‘a great friendship has been established between the bearded North American and Martín Adán, who met by chance not long ago. Now they meet up to drink anisette and talk about poetry, like two old friends.’[16]

It was common to find Martín Adán wandering through the streets of downtown Lima, where he carried on a solitary bohemian life. He could often be seen in the bookstore owned by Juan Mejía Baca, who helped the Peruvian poet escape economic strife by publishing his poems. Salazar Bondy describes him in an article as ‘submerged in himself, evasive and sardonic, buried in a deformed hat, covered by a coarse overcoat, with a grown-out beard.’[17]

Thus there was certain natural empathy with the young beatnik, a person who, from his childhood, had struggled with the threat of insanity and was no stranger to psychiatric hospitals. Reciprocally, Ginsberg also became interested in Martín Adán, a man ‘hounded by indigence and alcoholism,’[18] whose situation had forced him to live in cheap hotels and clinics. It was to Adán that Ginsberg would dedicate the poem ‘To an Old Poet in Peru,’ written in Lima and later published in Reality Sandwiches, in which one is able to infer, if only vaguely, the relationship between Ginsberg and the Peruvian poet.

Divided in three parts,[19] Ginsberg’s poem ‘expresses more interest in the pathology of the secret doodles than in the meticulousness of the sonnets that were typical in Martín Adán’s poetry,’[20] and he informs the reader of his desires to leave for the jungle as a sort of forewarning or prophecy: ‘I’m going to Pucallpa / to have Visions.’[21]

II.

One cold autumn morning, with the country ‘paralyzed by a national strike and shadowed by a glacial drizzle,’[22] journalist Alfonso La Torre found Ginsberg in the Hotel Comercio, half-naked, tangled in his sheets, and smoking an Inca Nacional cigarette.[23] La Torre had been commissioned by the journal Cultura Peruana to interview Ginsberg, and what he found was a poet with a working-class spirit.

The result of that encounter was a report in which the journalist narrates the conversation that he had with the poet as he went about his daily activities. He initially receives the Peruvian in his underwear, before dressing, covering his ‘thin adolescent-like legs.’[24] He complains of his heavy mining shoes, urinates, washes his ‘curly brown beard that trembled with hilarity,’ and combs his thin wet hair.[25]

In the hotel room, Ginsberg describes the pillars of the new American poetry, the Beat movement, as a group of young and bearded rebels who try to ‘put the academy to one side, and return poetry to a common language,’ in some senses returning to the physical origin of literature.[26]

‘In Greece, poetry was recited in movement,’ Ginsberg points out.

‘A similar poetry should be recorded instead of written,’ reflects La Torre.

‘Of course. Kerouac has a recorder, and we have done the same experiments.’

‘At the same time?’

‘Yes, chain poetry. You understand?… One afternoon we smoked marijuana, we started the tape, and we began to improvise one then the other… Marvellous! Mot exciting experienee! [sic]’

‘I can hardly believe it.’

La Torre, who later would describe the recital offered in the IAC as an ‘electrifying’ experience, asks him:

‘Do you write only when you are smoking marijuana?’

‘No, I write whenever I feel the necessity. Marijuana is a mode of experimentation. Look… In Machu Picchu there was no electricity, and I wrote this poem in the dark. This other one, during a bus trip.’[27]

The notebook is small with a brown cover, and its pages are full of ‘a slight cramped handwriting’ and pictures ‘as schematic as those a kindergarten student.’[28] It is here, in this same notebook, that Allen Ginsberg will make his notes about ayahuasca which will later be published in the book The Yage Letters (1963) as part of his correspondence with William S. Burroughs.

***

La Torre accompanies the poet to the bathroom, crossing through a narrow passage that ends in a wide hallway with a view of the battered patio of the hotel.

‘Do Peruvian poets have enlightenments?’ the beatnik asks.

‘Enlightenments?’

‘Yes, like saints and mystics do.’

‘We know of some poets that see the ‘blue devils’ on a daily basis,’ jokes the journalist, ‘but we do not know of anyone who has reached the point of a mystic – or poetic – enlightenment.’

‘A poet without enlightenment is a simple prosodic, a poor wretch,’ said Ginsberg, before moving toward the toilet to urinate.

The journalist asks him what it is that he is doing in Lima, if perhaps he is trying to follow in the footsteps of Jack Kerouac ‘on the road’ through South America.

The poet bursts out in laughter.

‘No, I came because they invited me to an international meeting convened by the University of Concepción in Chile, and also to see if I could find ayahuasca or marijuana.

‘And have you been able to smoke?’

‘A little… There is always someone who provides one with those things.’[29]

***

After an insipid breakfast, tea with lemon and biscuits, Ginsberg throws out the following notion: ‘Since society is not able to touch my soul with its dirty hands, there is no danger of its annihilation.’

‘It can do whatever it wants with my body, but it will never reach my soul,’ he adds as he walks toward the Plaza de Armas, beneath the cold drizzle of autumn.

The journalist, who knows that he is conversing with the ‘most exciting young poet of America,’ asks:

‘Are juvenile delinquents really beats?’

‘I was a juvenile delinquent. I smoked marijuana at fifteen, and that is delinquency. In jail I made friends with various thieves.’

‘How old are you?’

‘33. I have the beard and the age of Christ.’

‘Do you write political poetry?’ The journalist returns to his charge.

‘Please! Political poetry does not exist. Poetry comes from the soul, and politics can never reach there. Poetry cannot be used as propaganda. Even when it comes from a profound place, like in Neruda, it is always a sort of hypocrisy, a variety of selfishness that tries to impose a determined rule on others.’

‘Is there a beat theater?’

‘There is not beat poetry, or a beat novel, or beat painting. Beat is a poetic conception, an attitude toward the world. But, yes, we have done theater…’[30]

Finally the scene of the dialogue moves to San Martín Plaza, where the poet and the journalist conclude their chat. Due to the national strike, the streets of Lima seem empty and silent. ‘Where could I grab a taxi?’ the beatnik asks before the calm of the day. ‘I need to go to the embassy.’

They shake hands. La Torre says goodbye, not without promising to send Ginsberg two copies of the journal, one for him and the other for his editor, Lawrence Ferlinghetti. Then Ginsberg contemplates leaving, ‘carrying on his narrow shoulders the curse and the disdain of 160 million honest and prosperous citizens in gray suits,’ until he disappears, like a magic trick, as he crosses through the doorway of the IAC.[31]

III.

Salazar Bondy introduced him to her, thinking that the two could have something in common. Raquel Jodorowsky was Chilean, but she had been living in Lima for a decade, and she represented a certain poetic sensibility.[32] An important part of the cultural scene of Lima, she was a beautiful woman the same age as Ginsberg who carried herself with extroverted confidence. During that period, Jodorowsky earned a living producing puppet shows for theater and television along with the very young Walter Curonisy. [33]

One day, Ginsberg asked if there was a place in Lima where he could eat European food, to which Jodorowsky offered to prepare him borscht.[34] That was the beginning. They realized how similar their lives were, along with their common roots. Both he and Jodorowsky were descendants of Ukrainian Jewish immigrants and, at least according to her personal legend, Ginsberg’s family and her own could have met each other on the ship that took them from Russia in the early years of the twentieth century.

They became friends, and he began to visit her. If Jodorowsky was giving a poetry workshop, Ginsberg would sit and wait for her in an armchair in her house, in Lince, where he would read the books that he found in her library. Then they began to make a habit of eating lunch together in Lima’s Chinatown, close to the central market. In her poem, ‘Oda a Allen Ginsberg (Ode to Allen Ginsberg),’ Raquel tells of how they stepped through the trash on Capón Street, ‘singing songs in Russian.’[35] After their lunches they would usually have a coffee in a bar downtown. In their strolls through Lima, the beatnik also met another great bard, Rafael Alberti, with whom he discussed Asian art.[36]

Jodorowsky was known for her captivating green eyes, for publishing books that she herself sold in recitals, and for being the feminine voice who at twenty-three years old had ‘appeared in Chilean feminine poetry after Gabriela Mistral’s first cycle,’ in the words of Rosamel del Valle.[37] The truth is that Ginsberg, a declared homosexual, identified with her. But his mother, lobotomized and dead, remained present in his unconscious. There was no turning back! In his search to find God, Ginsberg was at the edge of discovering the dichotomy of the universe. Ayahuasca would provide him with even more surprises.

***

As he spent time on the streets of Lima, Ginsberg hallucinated with ether. His intention was to describe the experience in a poem (which would later be published in the book Reality Sandwiches). Walter Curonisy remembers, in his ‘Poema a Allen Ginsberg (Poem to Allen Ginsberg)’, that the beatnik took him to his room ‘to look at the clock / of the season of ether,’[38] while, Jodorowsky in her own ode, recalls that he had her smell cotton balls, ‘promising me that I would see God and I did not.’[39]

Walter and Jodorowsky’s poems coincide with that of Ginsberg titled ‘Aether,’ which in one of its pages asks, ‘What can be possible / in a minor universe / in which you can see / God by sniffing the / gas in a cotton?’[40]At the end of Aether, Ginsberg seems to resign himself to the passing of time – ‘in this Hell of Birth & Death / 34 coming up – suddenly I felt old’ – whilst at the same time he comes to understand the solitude of his existence: ‘sitting with Walter & Raquel in a Chinese Restaurant – they kissed – I alone.’ [41]

Curonisy affirms, from Morocco, that after that night Ginsberg asked him if he would help him get to know Lima. ‘With a very negative reflection I guided him to the Montón [the trash dump of the city],’ he explains.[42] And in his poem he comments: ‘we saw how they fattened the pigs / and the fights between groups for a piece of glass.’[43]

This was the place where the trash trucks appeared, the miserable scene in which Ribeyro’s vultures without feathers struggled to survive. The beggars confused the poet with Fidel Castro because of his beard, which at that time was synonymous with guerrilla struggles. ‘Castro! Castro!’ they yelled as he passed through the rubbish.[44]

With that scene as background, in the middle of mountains of trash and flies, the beatnik asked Curonisy if he had read Rimbaud or The Songs of Maldoror, to which Walter responded no. He was only twenty years old at the time.

***

Ginsberg’s thirty-fourth birthday surprised him in Huánuco, wounded by sadness. The trip to the jungle was slow and lasted a week as he traveled the Tingo María-Pucallpa route lying on jackets in a rickety truck. On the shores of the Ucayali River, Ginsberg contacted a man named Ramón who had met Robert Frank, cinematographer of the movie Pull My Daisy, [45] who directed him to a shaman; Ginsberg would later describe him as ‘a very mild and simple seeming cat of 38 or so.’[46]During his first experience with ayahuasca in the jungle, Ginsberg began to see or feel what seemed to him to be ‘the Great Being,’ [47] which manifested itself in the form of a great moist vagina.[48] The hallucination consisted of an eye looking out from a great black hole, surrounded by fish, birds, serpents, and butterflies.

The following night, Ginsberg repeated the experience with a more potent dose. The trip was methanoic: he felt ‘the whole fucking Cosmos’ break loose around him,[49] and he described his trip in the follow way: ‘I think it was the strongest and worst I’ve ever had it nearly.’[50] Questions of life and death assaulted him quickly – the certainty of an irreparable and imminent end, and the drama of never being prepared.

Just the thought of dying made him sad. He thought of Peter and of his father. Under the effects of ayahuasca, he had a near-death experience. He wrote to William Burroughs: ‘the whole hut seemed rayed with spectral presences all suffering transfiguration with contact with a single mysterious Thing that was our fate and was sooner or later going to kill us.’[51]

After this experience, Ginsberg arrived at the conclusion that the only way to confront death would be in reproducing life. It was simple, but was nevertheless an outlet that he had never previously considered . In his biography, Schumacher notes that Ginsberg decided ‘to try to understand women better and, ultimately, have children.’ Women, he felt, now had the capacity to save him from ‘total obliteration.’ [52]

From his trips with ayahuasca, which he repeated often until June 24, 1960, Ginsberg wrote the poems ‘Magic Psalm’ and ‘The Reply,’ which were the most successful in transmitting and evoking his metaphysical trips. From the jungle, the gringo sent C. E. Zavaleta two bottles of the potion to be delivered to Marcia Koth, but only one of them ‘arrived in the hands of the doorman of the North American embassy.’[53]

Ginsberg’s idea was to consume and study the concoction in the United States. He was also interested in having Jack Kerouac drink it. Curonisy, who maintains that he accompanied Ginsberg throughout the journey, recounts that upon his return they brought more bottles of ayahuasca with them, which they later consumed at Jodorowsky’s house.[54]

***

In the small house owned by Jodorowsky, who died October 27, 2011, the sounds that invaded it more than half a century ago still echo. The ‘butterfly carved from iron’ frequently recounted memories of her friend from the same armchair where the beatnik would sit. [55] ‘Being homosexual is a very great solitude,’ she told me one afternoon as we talked about Ginsberg.

At eighty four years of age, Jodorowsky recalled, ‘once he asked me to have a child with him.’ At the beginning she thought he was joking with her, but the beatnik proposed the idea again as they crossed through the San Martín Plaza. ‘Seriously, I want to have a child with you,’ he insisted as he took her by the arm.

‘I was so surprised that I didn’t respond,’ the elderly poet recounted.[56]

In the ode she dedicated to Ginsberg, published in the collection Caramelo de sal, Jodorowsky reproaches him, ‘You put yourself in my life for days that stood still / stirring the brains of my worms,’ but later affirms that a son of theirs ‘would have been born with a soul.’[57]

On July 8, 1960, Ginsberg left the airport in Lima to return to the beat scene that now seemed to him so enveloping and crazy. A year later he would leave his country again, this time with India as his destination. That trip would permit him to continue his spiritual search. In 1994, Jorge Capriata found him changed. He was no longer the cheerful bearded individual the age of Christ who wanted to ‘see the face of God,’ but now was an old prophet. He still remembered Lima, the walls crowned with thorns, and the pale grey of our sky.[58] On April 5, 1997, Ginsberg would make his final trip to a world beyond, this time without ayahuasca.


[1] All translations are Thompson’s unless otherwise noted.

[2] Schumacher, Michael. Dharma Lion: A Critical Biography of Allen Ginsberg. New York: St. Martin’s Press, 1992. p. 324.

[3] Sebastián Salazar Bondy (Lima 1924 – 1965). Important Peruvian intellectual. He was a writer, poet, critic, journalist and playwright, who became  a distinguished character in the artistic scene of Lima in the mid-twentieth century, when he was director of the Institute of Contemporary Art (Instituto de Arte Contemporáneo or IAC) in Lima. He was responsible for Allen Ginsberg’s arrival in the Peruvian capital in 1960, since both had met in the Meeting of American Writers (Encuentro de Escritores Americanos) that took place at the University of Concepción in Chile.

[4] Católica is the colloquial name for the Pontificia Universidad Católica del Perú, or Pontifical Catholic University of Peru, located in Lima.

[5] The order was completed by the North American writer and environmental activist Peter Matthiessen, who was returning from a long investigation in the Peruvian jungle and knew of Allen Ginsberg’s profound interest in ayahuasca. Predicting that Ginsberg would not have time to find it in Lima, he asked Jorge Capriata to deliver the potion for him.

[6] Zavaleta, Carlos E. ‘La visita de Ginsberg a Lima.’ Revista Hueso Húmero. Vol. 32. Lima: December 1995. p. 75.

[7] Capriata, Jorge. ‘Dos encuentros con Allen Ginsberg.’ Revista Hueso Húmero. Vol. 32.  Lima. December, 1995. p. 68.

[8] ‘7 días del Perú y el mundo’ La prensa. Sunday Supplement, No. 99. Lima, May 15, 1960.

[9] Idem.

[10] Interview with Raquel Jodorowsky. Lima. Winter 2011.

[11] Ginsberg, Allen. Cosmopolitan Greetings. New York: Harper Collins, 1994. p. 8.

[12] Capriata, Jorge. ‘Dos encuentros con Allen Ginsberg.’ Revista Hueso Húmero. Vol. 32.  Lima. December, 1995. p. 68.

[13] An old train station near the governmental palace in Lima whose name translates to the Station of the Defenseless.

[14] Martín Adán (Lima 1908 – 1985). Pseudonym for Rafael de la Fuente Benavides. He was one of the most distinguished Avant-Garde poets of Peru, known especially for his first book La casa de cartón, published in 1928. He was admitted to psychiatric clinics on various occasions due to problems with alcohol.

[15] Capriata, Jorge. ‘Dos encuentros con Allen Ginsberg.’ Revista Hueso Húmero. Vol. 32.  Lima. December, 1995. p. 69.

[16] El Comercio. Sunday Supplement No. 368. Lima, May 22, 1960.

[17] Salazar Bondy, Sebastián. ‘El conflicto vital de Martín Adán.’ Mercurio Peruano. No. 388. Lima, August 1959. p 344-346.

[18] Lauer, Mirko. Los exilios interiores: Una introducción a Martín Adán. Lima: Hueso Húmero Ediciones, 1983. p. 47.

[19] The three parts are: To an Old Poet in Peru, Die Greatly in thy Solitude and The Dazzling Intelligence.

[20] Lauer, Mirko. Los exilios interiores: Una introducción a Martín Adán. Lima: Hueso Húmero Ediciones, 1983. p. 47.

[21] Ginsberg, Allen. Reality Sandwiches. San Francisco: City Lights Books, 1963. p. 82.

[22] La Torre, Alfonso. ‘Allen Ginsberg: ‘The Dirty Hands of Society Cannot Touch My Soul.’’ Revista Cultura Peruana. No. 143. Lima, May 1960. np.

[23] Alfonso La Torre (Acomayo 1927 – Lima 2002). Peruvian journalist. He worked for the most important media sources of his time: El Comercio, Expreso, La Crónica, and the journal Cultura Peruana, and illustrated the pages of El Comercio Gráfico. He acted as an art critic under the pseudonym Seymour, and as a theater critic with the fearful nickname ALAT. He worked at the newspaper La República from its start in 1981 until his death. Recently, Peruvian playwright Sara Joffré has collected his theater criticism in the volume titled Alfonso La Torre: Su aporte a la citica de teatro peruano.

[24] La Torre, Alfonso. ‘Allen Ginsberg: ‘The Dirty Hands of Society Cannot Touch My Soul.’’ Revista Cultura Peruana. No. 143. Lima, May 1960. np.

[25] Idem.

[26] Idem.

[27] Idem.

[28] Idem.

[29] La Torre, Alfonso. ‘Allen Ginsberg: ‘The Dirty Hands of Society Cannot Touch My Soul.’’ Revista Cultura Peruana. No. 143. Lima, May 1960. np.

[30] Idem.

[31] La Torre, Alfonso. ‘Allen Ginsberg: ‘The Dirty Hands of Society Cannot Touch My Soul.’’ Revista Cultura Peruana. No. 143. Lima, May 1960. np.

[32] Raquel Jodorowsky (Iquique 1927 – Lima 2011). Chilean poet and painter, sister of the well-known writer, cinematographer and pyschoshaman Alejandro Jodorowsky. She spent the majority of her life in Lima where she published books, got married and had a child. Casusol has also published ‘Jodorowsky no está sola esta tarde (Jodorowsky Is Not Alone This Afternoon)’ which can be found at http://letras.s5.com/rj191111.html.

[33] Walter Curonisy (Lima 1941 – Marrakech 2012). Peruvian actor and poet. At twenty years old he worked with Raquel Jodorowsky on a puppet show called ‘La puerta mágica,’ or ‘The Magic Door,’ in a theater in Lima called Entre Nous. He was one of the protagonists of the successful Peruvian soap opera Simplemente María (Simply María). He published three books of poetry: Los locos por el cielo, El matrimonio sagrado, and Rehenes del tiempo. He died June 12, 2012 in Morocco, where he acted as the director of a cultural center with his girlfriend Elvira Roca Rey. The news of his death arrived to Lima as the final revisions of this article were in progress.

[34] Typical Russian soup.

[35] Jodorowsky, Raquel. Caramelo de sal. Lima: Author’s Personal Edition, 1977. p. 42.

[36] El Comercio. Sunday Supplement No. 367. Lima, May 15, 1960.

[37] Del Valle, Rosamel. Revista Proarte. 1950. np.

[38] Curonisy, Walter. Rehenes del tiempo. Lima: Author’s Personal Edition, 2008. p. 80.

[39] Jodorowsky, Raquel. Caramelo de sal. Lima: Author’s Personal Edition, 1977. p. 43.

[40] Ginsberg, Allen. Reality Sandwiches. San Francisco: City Lights Books, 1963. p.  90.

[41] Ídem. p. 98.

[42] Telephone Interview with Walter Curonisy. Lima, Winter 2011.

[43] Curonisy, Walter. Rehenes del tiempo. Lima: Author’s Personal Edition, 2008. p. 81.

[44] Telephone Interview with Walter Curonisy. Lima, Winter 2011.

[45] Frank, Robert and Alfred Leslie. Pull My Daisy. 1959.

[46] Burroughs, William and Allen Ginsberg. The Yage Letters. San Francisco: City Lights Books, 1963. p. 57.

[47] Schumacher, Michael. Dharma Lion: A Critical Biography of Allen Ginsberg. New York: St. Martin’s Press, 1992. p. 328.

[48] Burroughs, William and Allen Ginsberg. The Yage Letters. San Francisco: City Lights Books, 1963. p. 60.

[49] Schumacher, Michael. Dharma Lion: A Critical Biography of Allen Ginsberg. New York: St. Martin’s Press, 1992. p. 328.

[50] Burroughs, William Burroughs and Allen Ginsberg. The Yage Letters. San Francisco: City Lights Books, 1963. p. 60.

[51] Ídem. p. 62.

[52] Schumacher, Michael. Dharma Lion: A Critical Biography of Allen Ginsberg. New York: St. Martin’s Press, 1992. p. 328-329.

[53] Zavaleta, Carlos E. ‘La visita de Ginsberg a Lima.’ Revista Hueso Húmero. Vol. 32. Lima: December 1995. p. 77.

[54] Telephone Interview with Walter Curonisy. Lima, Winter 2011.

[55] In her ars poética, Raquel Jodorowsky identifies herself as a ‘mariposa de fierro,’ or an ‘iron butterfly.’

[56] The relationship between Raquel Jodorowsky and Allen Ginsberg would continue for various decades, even if only through missives written on the first pages of books that the poet sent to his friend in Lima. In one of them, written in 1970, Ginsberg tells her: ‘Thought of you often (…) Have you been to Pucallpa yet? The forests are as important as the desert cities.’ Years later her brother, Alejandro, took advantage of the fact that Ginsberg was in Paris to ask him for his sister’s address, who at that moment was taking care of their mother, Sara Prullansky. According to the autobiography of the famous pyschoshaman, La danza de la realidad (The Dance of Reality), the poet was able to give him the information without a problem.

[57] Jodorowsky, Raquel. Caramelo de sal. Lima: Author’s Personal Edition, 1977. p. 42.

[58] Interview with Jorge Capriata. Lima, Winter 2011.

3 Responses to Visiones Divinas (Divine Visions: Allen Ginsberg's Peruvian Trip)

  1. Thank you for the auspicious writeup. The item in reality once were a new enjoyment account the item. Glimpse complex to be able to far more added gratifying on your part! Moreover, how should we keep up your distance learning?

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    • Dear friend,
      Right now I am writing a book about Allen Ginsberg´s South American period with my friend the chilean poet Rodrigo Olavarría. We keep you abreast of the progress of the book. Greetings from Lima, Peru.
      Cheers,

      Pedro.

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  2. Isaac Salas Arbe says:

    Muchísimas gracias por este pedazo de texto.. demasiado bueno. Saludos desde Perú.

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